Historia de la Escuela Ma Tsun Kuen
El Maestro Ma
El Maestro Ma Tsun Kuen nació en 1908, en la provincia de An Hui, China.
A los seis años de edad, su familia se trasladó a Nanking, entonces capital de la República de China. Allí continuó sus estudios y comenzó su formación en las Artes Marciales, iniciando un camino que habría de acompañarlo durante toda su vida.
Comenzó a estudiar Kuo Shu (arte marcial chino), particularmente Shao Lin Chuan, y continuó practicándolo hasta el tercer año de su vida universitaria. Durante aquellos años aprendió tanto las técnicas de mano vacía como el manejo de las principales armas tradicionales del Shaolín: el Kun (palo), el Chien (espada) y el Tao (sable).
La enseñanza de aquella época conservaba todavía un carácter profundamente tradicional. El aprendizaje no se limitaba a la adquisición de técnicas: los alumnos atravesaban exigencias físicas, mentales y emocionales destinadas a forjar su carácter y su temple. El verdadero Kung Fu, entendido como destreza adquirida a través del tiempo, la disciplina y la perseverancia, era inseparable de ese proceso.
Pero la formación del Maestro Ma no se desarrolló únicamente en el ámbito marcial.
Mientras completaba sus estudios de posgrado comenzó a trabajar profesionalmente como columnista de dos diarios de Nanking. Su trayectoria intelectual fue tan importante como su formación física. A lo largo de su vida escribió numerosos artículos, notas y ensayos sobre distintos aspectos de la realidad china contemporánea, además de nueve libros dedicados a la política y la filosofía chinas.
Esta doble formación —intelectual y marcial— habría de resultar fundamental para comprender posteriormente su manera de enseñar.
Del Shaolín al Tai Chi Chuan
Después de casi veinte años de práctica de Shao Lin Chuan, ya en su vida adulta, el Maestro Ma comenzó a sentir la necesidad de incorporar otro tipo de trabajo. Buscaba una práctica que contribuyera a conservar y fortalecer su salud y que, al mismo tiempo, le permitiera afrontar las exigencias de una intensa vida profesional.
Fue entonces cuando se acercó al Tai Chi Chuan.
Lo hizo en un momento y un lugar particularmente significativos para la historia de este arte, en una época en la que las enseñanzas relacionadas con las distintas ramas del Tai Chi comenzaban a adquirir una enorme relevancia.
En ese proceso descubrió profundas diferencias entre el Tai Chi Chuan y el Shaolín, no sólo en sus métodos de entrenamiento sino también en los principios que sustentaban su práctica.
Frente al empleo directo de la fuerza física, comenzó a experimentar una concepción diferente del combate: la posibilidad de recibir, transformar y utilizar la fuerza del adversario en lugar de oponerse a ella de manera brusca.
En ese proceso comprendió progresivamente el sentido de expresiones tradicionales como “Mien Chin”, la imagen de la aguja envuelta en algodón, utilizada para expresar una de las cualidades características del Tai Chi Chuan: una apariencia suave que puede contener una acción interna firme y precisa.
El Tai Chi Chuan dejó de ser para él una práctica complementaria y poco a poco se convirtió en un camino de estudio que habría de acompañarlo durante más de cincuenta años y, finalmente, en una verdadera forma de vida.
La llegada a la Argentina
Cuando llegó a la Argentina, el Maestro Ma ya llevaba más de treinta años practicando Tai Chi Chuan.
Había dedicado décadas al estudio y al entrenamiento de sus formas, sus técnicas y su trabajo energético, pero también había profundizado en los principios que sustentaban el arte. No llegó simplemente a transmitir una serie de movimientos: llegó con una experiencia construida durante toda una vida de práctica, investigación y reflexión.
En 1973 comenzó a enseñar Tai Chi Chuan en Argentina.
Por entonces, el arte era prácticamente desconocido en nuestro país. Su nombre apenas comenzaba a circular y algunas secuencias de movimientos empezaban a aparecer, pero alrededor del Tai Chi Chuan existía todavía un gran halo de misterio y desconocimiento.
Las aplicaciones marciales prácticamente no formaban parte de la enseñanza disponible y comenzaban a instalarse algunas de las ideas que, con el tiempo, se convertirían en los principales malentendidos acerca de su práctica: colapso y movimientos vacíos en vez de relajación.
Desde el comienzo, el Maestro Ma insistió particularmente en una distinción que consideraba fundamental: suavidad no significa debilidad.
Para él, la lentitud de algunas formas de entrenamiento no debía confundirse con la ausencia de una dimensión marcial. El Tai Chi Chuan debía ser comprendido como un arte capaz de neutralizar un ataque, aun cuando quien lo practicara jamás tuviera necesidad de utilizarlo en una situación real.
“Los movimientos deben permitir neutralizar un ataque. Esto significa que el Tai Chi Chuan no es solamente para la salud, sino que también sirve como método de defensa, aunque uno no tenga necesidad de usarlo en toda su vida.”
Esta concepción marcó profundamente su enseñanza.
Una enseñanza orientada a la comprensión
A partir de sus clases, sus alumnos comenzaron a descubrir que detrás de los movimientos aparentemente lentos y suaves existía una estructura marcial precisa.
Desde los primeros tiempos introdujo también la práctica del Tui Shou —las “manos que empujan”— como herramienta para desarrollar la sensibilidad y la capacidad de comprender la fuerza del otro.
La práctica no consistía simplemente en aprender a ejecutar una forma. Se trataba de desarrollar progresivamente la capacidad de percibir, adaptarse, neutralizar y responder.
El Maestro Ma consideraba que algunos métodos de entrenamiento existentes eran demasiado laxos y que no preparaban adecuadamente al practicante para recibir y soportar el contacto físico propio del trabajo marcial.
Por esta razón enseñó, durante los primeros años, un trabajo específico de Chi Kung marcial, conocido como Nei Kung y posteriormente el I Chin Kung(una antigua versión marcial del Pa Tuan Chin).
A partir de su formación y de su experiencia (previas a la estandarización del Wushu moderno), enseñó aspectos de la enseñanza de las artes marciales chinas tradicionales. Consideraba que ello podía favorecer una comprensión más profunda y un aprendizaje más eficaz.
Las otras formas
Por esa razón enseño además dos formas de Tai Chi Chuan, desconocidas en occidente
La primera fue la denominada Forma Duro-Blanda, concebida bajo el principio de que el exterior puede mantenerse suave mientras en el interior existe una estructura firme y una capacidad energética definida.
La segunda fue la Forma Corta, para estudiar el Kuei Shou, una expresión más rápida y dinámica del Tai Chi Chuan.
También desarrolló la enseñanza de las armas, particularmente el Chien (espada), recuperando su dimensión técnica y marcial.
A ello se sumó una de las prácticas avanzadas más características de su enseñanza: el trabajo en pareja conocido como San Shou Tui Ta, una secuencia de manos que dispersan, empujan y golpean.
De este modo, la enseñanza del Maestro Ma presentaba el Tai Chi Chuan como un arte integral.
La forma, el trabajo respiratorio, la sensibilidad, la aplicación marcial y los principios filosóficos no constituían caminos separados, sino diferentes expresiones de una misma práctica.
La formación de una escuela
Con el paso de los años, sus alumnos comenzaron a formar una comunidad cada vez más amplia de practicantes.
De este proceso se construyó la Asociación Argentina de Tai Chi Chuan, que durante muchos años reunió a alumnos e instructores y tuvo un papel fundamental en la difusión del Tai Chi Chuan en nuestro país.
El Maestro Ma Tsun Kuen falleció en Buenos Aires en 1993. Su desaparición no significó el final de su enseñanza. Muchos siguieron su línea y sistema. Unos pocos lo transmiten abiertamente desde aquellos tiempos hasta ahora ininterrumpidamente.
En la actualidad, hasta lo que sabemos, quedan dos discípulos que transmiten su sistema exclusivamente. La línea de uno de sus primeros discípulos (desde 1973), Sifu Fernando Chedel, quien junto a sus alumnos fundaría posteriormente, en la ciudad de Buenos Aires, la Escuela Internacional Ma Tsun Kuen de Tai Chi Chuan, continuando el trabajo iniciado por su Maestro y llevando consigo más de cincuenta años de práctica y experiencia en el arte.
Y otro discípulo suyo, el Sifu Gabriel García Malvassi (desde 1981), quien dirige ininterrumpidamente desde aquel entonces, la sede Ma Tsun Kuen en la ciudad de Mar del Plata. Con mas de 45 años de experiencia.
Existen otros discípulos posteriores, pero hasta lo que sabemos transmiten otras líneas marciales junto con elementos de la Escuela Ma.
A muchos de ellos los hemos entrevistado (en futuras entregas los podremos conocer y eescuchar), de otros hemos perdido su rastro y no se muestran abiertamente en las redes.
Desde fines de la década de 1970 y durante las décadas siguientes, la enseñanza continuó desarrollándose en Argentina.
A partir del año 2000, el Sifu Fernando Chedel comenzó a ser convocado para enseñar en España.
Desde allí se inició una nueva etapa de expansión de la Escuela y de difusión del estilo en distintos países de Europa. La propuesta encontró una amplia aceptación dentro de los círculos de práctica de Tai Chi Chuan y, con el tiempo, la Escuela comenzó a participar en encuentros, seminarios y eventos internacionales.
Nuevos profesores y escuelas se fueron incorporando al linaje, principalmente en España, Alemania, Inglaterra e Italia, dando continuidad a una enseñanza que había comenzado muchos años antes, en China, y que había encontrado en la Argentina un nuevo lugar para desarrollarse.
Una tradición en movimiento
La historia de la Escuela Ma Tsun Kuen no puede entenderse solamente como la transmisión de una forma o de un conjunto de técnicas.
Es, ante todo, la historia de una búsqueda.
La búsqueda de un hombre que comenzó su formación en las Artes Marciales tradicionales, que desarrolló paralelamente una profunda preparación intelectual, que dedicó décadas al estudio del Shaolín y que posteriormente encontró en el Tai Chi Chuan un camino diferente de comprender el movimiento, la fuerza y el combate.
Su enseñanza en Argentina fue también el resultado de esa búsqueda.
El Maestro Ma no consideraba la tradición como algo inmóvil. La estudiaba, la practicaba, la cuestionaba y, cuando lo consideraba necesario, la transformaba para hacerla comprensible y útil para quienes debían continuarla.
Quizás allí se encuentre una de las claves de su legado.
Una tradición permanece viva no cuando repite exactamente aquello que recibió, sino cuando conserva sus principios esenciales mientras continúa buscando la mejor manera de expresarlos.
Más de cincuenta años después del comienzo de su práctica de Tai Chi Chuan, y más de medio siglo después de su nacimiento, esa búsqueda continúa a través de sus alumnos, sus discípulos y las escuelas que mantienen vivo su legado.
Escuela Internacional Ma Tsun Kuen de Tai Chi Chuan
Buenos Aires, Argentina




Escrito por Francisco Clemares
Para más información contactarse con:
www.ma-taichi.com.ar - Bs. As. Argentina -
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Esc. Int. Ma Tsun Kuen de Tai Chi Chuan -




